En el negocio de barrio, fiar es parte del trato. Es lo que hace que el vecino vuelva a vos y no al súper. El problema no es fiar: es no saber exactamente cuánto te deben, quién, y desde cuándo.
Con la libreta, esa respuesta está repartida en páginas tachadas, con letra apurada y sumas que nadie revisó. Y lo que no se ve, no se cobra.
Dónde se pierde la plata del fiado
- En lo que no se anotó. «Después te lo paso», y con la cola esperando, nunca se pasó.
- En los pagos a cuenta. Te dejan una parte, lo restás de memoria y el saldo queda en discusión.
- En el tiempo. Una deuda de hace tres meses es mucho más difícil de cobrar que una de la semana pasada, y la libreta no te avisa.
- En la incomodidad. Si no tenés el detalle, cobrar se siente como acusar. Y entonces no se cobra.
Cobrar sin discutir
La conversación cambia cuando podés mostrar la cuenta: qué se llevó, qué día, qué pagó y cuánto queda. Ya no es tu palabra contra la de tu cliente. Es un resumen claro, y la mayoría paga cuando lo ve.
El fiado ordenado no espanta clientes. Los que se van son los que no pensaban pagar.
Tres reglas simples
- Anotalo en el momento de la venta, no al final del día.
- Poné una fecha para pagar, aunque sea de palabra. Te ordena a vos y a tu cliente.
- Mirá la lista de deudores una vez por semana, siempre el mismo día.
Seguí fiando a quien te lo pide. Sólo que esta vez, la plata que está en la calle va a tener nombre, fecha y monto.