Todos conocemos la tarjetita de la cafetería: diez sellos y el café sale gratis. Funciona por una razón simple: le da a tu cliente un motivo para volver a vos y no al de la otra cuadra.
El problema es la tarjeta de cartón. Se pierde, se olvida en casa, se moja. Y vos no tenés idea de cuántos clientes están a un sello del premio.
Por qué conviene cuidar al que ya vino
Traer un cliente nuevo cuesta: publicidad, descuentos, tiempo. El que ya te compró te conoce, confía y sabe dónde estás. Hacer que vuelva una vez más por mes suele valer más que salir a buscar gente nueva.
Un club no es un descuento. Es una razón para volver.
Cómo armar un club que se use
- Un premio que se desee. Algo que tu cliente compraría igual, no lo que te sobra en el depósito.
- Una meta alcanzable. Si el premio está demasiado lejos, nadie arranca. Mejor pocos sellos y un premio chico que muchos y uno grande.
- Una regla que se explica en una frase. «Cada compra, un sello. Con ocho, te llevás uno gratis.»
- Nombrarlo en el mostrador. El club que no se ofrece, no crece. Preguntá «¿sos del club?» en cada venta.
Lo que cambia con el club en el celular
Tu cliente lleva la tarjeta en el teléfono, que nunca se olvida. Vos sabés quiénes son tus socios. Y nadie puede sumarse sellos de más.
Tus mejores clientes ya existen. El club es la forma de decirles que los tenés en cuenta, y de que se note en la caja.